domingo, 13 de marzo de 2011

Homo sapiens



Comportamiento moderno: 
La aparición del comportamiento humano moderno significó el más importante cambio en la evolución de la mente  humana, dando lugar a que el ingenio creativo humano le llevara a dominar su entorno paulatinamente. Una revolución humana que nos hizo como somos hoy." 
Extraído de Wikipedia (http://es.wikipedia.org/wiki/Homo_sapiens)
 

06:00 am:
Adán se incorpora súbitamente, dando un salto desde la cama y casi se abre la frente contra el portón de la ventana a medio abrir. Su corazón late agitado, el cuerpo envuelto en un extraño mareo, lucecitas de colores en su vista. Todavía desorientado y sin entender el porqué de tanto sobresalto, percibe un mundo frío, oscuro e inhóspito. Cerca, bajo las cálidas mantas y acompañada por la ronroneante gatita, Eva murmura algo entre sueños, se da la vuelta y continua durmiendo plácidamente.

06:02 am
Tras encontrar las zapatillas, el héroe-cazador Adán camina a oscuras cruzando el comedor.
Ahora sí, golpe contra la pata de la silla y el subsiguiente estruendo. Tranquilos, no pasó nada, está controlado. Con la tibia dolorida continua caminando a puntillas, las pupilas dilatadas en la oscuridad.

06:03 am
Caminando hacia el baño, resbalón de la muerte al caer en la trampa inadvertida de un vómito de gatita que no aparecía en Mi Mapa del Mundo de ayer.

06:04 am
Clic! Luz abierta, con los ojos achinados, el héroe-cazador Adán intenta comprender qué demonios ha ocurrido...y recupera la zapatilla perdida bajo el sofá.

06:06 am
El héroe-recolector (ahora sí, llegó el neo-neolítico!) Adán, consigue terminar de limpiar el vómito de gatita.
Lavado de cara con un dedo (el agua está fría), pasamos al siguiente evento:
ceremonia de conmemoración de la Revolución francesa, a rebanarse el cuello con una hoja afilada!

06:12 am
Suponiendo que haya sobrevivido a las aventuras anteriores, Adán se mueve siguiendo una trayectoria errática por diferentes zonas del territorio,  intentando encontrar calcetines limpios. Si además consigue juntar dos que sean del mismo color esto ya es un éxito. Tras encontrar los calcetines, pasará todavía unos 10 minutos más buscando otras prendas a juego, si es que hay suerte. Sino es el caso, la moda ya la inventarán más adelante.

06: 25 am (aproximadamente)
Adán aplica conocimientos chamánicos transmitidos de generación en generación para preparar algo caliente con lo que reanimarse el cuerpo, en este caso la infusión de un producto torrefacto cafeinoso bastará.

06:35 am
Salir a cazar, a recolectar o a lo que sea que se suponga que hacemos, si es que lo sabemos.
Adán sale de casa con premura para unirse, junto con otros individuos de la especie, a la vorágine del comportamiento moderno cotidiano.

06:36 am
En el silencio que queda atrás, desde su terrario seco, la Serpiente observa con atención,
medita sobre lo que ha visto y profundiza en lo más profundo del concepto intentando comprender...
Finalmente, llega a la conclusión definitiva:

SAPIENS????   TU PADRE!!!

La Manzana, inmutable, permanece en silencio. Ya se sabe, quien calla otorga.

jueves, 10 de marzo de 2011

Paseo nocturno

Hacia unos quince minutos que caminaba por la peatonal cuando comencé a notar aquello.
Era la hora habitual de mi paseo; lo sé porque antes de salir miré el reloj de la cocina, nunca llevo reloj conmigo.
La noche estaba estrellada pero sin luna, me cercioré de ello espiando a través de las cortinas del salón, una hora antes de salir.
Había una brisa fresca, que traía suaves perfumes de azahar y movía mi pelo. Respiré profundamente con los ojos entrecerrados, caminando despacio, como es mi costumbre.
Entonces lo vi: se escondía detrás de un árbol, a unos 50 metros de mí, dejaba asomar sólo la cabeza (bastante grande por cierto) y me miraba de arriba abajo con ojos desmesurados y locos.
Me volví para ver si tal vez algo detrás de mí llamaba su atención. Pero la calle estaba vacía, a excepción de un perro que arrastraba una correa roja por el pescuezo. El animal olisqueaba la calle y el aire frente a él, me miraba y si nuestros ojos se encontraban, bajaba el hocico y detenía el paso.
Nunca me han gustado los perros y soy bastante ignorante de sus costumbres, sólo sé que su olfato es muy fino, no así sus usos: no pueden evitar oler lo primero que se les presenta sin ningún escrúpulo. ¿Quién no ha sido incomodado alguna vez por un perro que se acerca a olisquear sus partes pudendas? Ignoré al perro y seguí caminando.
La cabeza aparecía y desaparecía detrás del árbol, dejando ver por momentos los hombros y parte del torso. Las manos del sujeto se aferraban al tronco con crispación. Lo miré a los ojos de pupilas dilatadas y juro que su boca se abrió como si fuera a gritar.
Esto me asustó un poco (¡la gente es tan extraña!), pero no quería hacerlo notar, así que simplemente me crucé hacia el otro lado de la calle adoquinada. Ya había avanzado prácticamente la distancia que nos separaba y si no me hubiera cambiado de lado, estaría pasando junto a él.
No pude evitar mirarlo en ese momento, sus manos habían soltado el tronco y se elevaban a ambos lados de su enorme cabeza, agitándose. Las piernas parecían temblarle y se balanceaba hacia atrás y adelante, murmurando algo que no pude entender.
Pensé que tal vez tenía problemas para respirar, claro, tal vez estaba teniendo uno de esos ataques de corazón que le da a la gente. Pero no pude decir nada porque entonces escuché al perro.
Me había seguido y estaba a unos pasos de mí, las patas delanteras se apoyaban completamente en el suelo, dejando su parte trasera elevada. Ya no  olisqueaba sino que gruñía dejando ver sus colmillos en forma amenazante. Lo miré e instintivamente debo haber perdido el color al tiempo que me agachaba para evitar que saltara sobre mí. El animal cambió de postura inmediatamente, saltando y  aullando corrió hacia el hombre. Se pegó a él con el rabo entre las piernas.
El hombre cayó de rodillas junto al animal y lo abrazó desesperado. Los dos parecían gemir.
Me incorporé con lentitud sin salir de mi asombro, preguntándome que podía pasarles. La curiosidad pudo más que el miedo y comencé a avanzar hacia ellos, entonces sus gemidos se transformaron en gritos ahogados por el cerrado abrazo que los unía. Ahora no me miraban sino que volvían las cabezas.
El perro se zafó de los brazos de su dueño y salió corriendo, perdiéndose en la oscuridad. El hombre quedó simplemente allí, de rodillas, los brazos flácidos junto al cuerpo encogido. Ya no gritaba, volvía a murmurar, los ojos fuertemente cerrados.
Llegué junto a él y entonces recordé que aunque quisiera no podría preguntarle que le pasaba, ya que yo no hablo el mismo idioma que las personas en esta ciudad. He tratado muchas veces de aprender al menos las palabras más básicas, pero mi lengua no está adaptada para su pronunciación. Me limité a sonreírle, tratando de transmitirle mi empatía ante su situación, cualquiera esta fuera. El entreabrió los ojos, que se clavaron en mi sonrisa de dientes perfectos con estupefacción. Fue ahí que se desmayó.
Lo observé por un momento, consciente de su respiración.  Casi me pareció cómico su aspecto: los miembros alborotados y la piel tan blanca. ¡La gente es tan extraña!
Después de semejante escena, no pude más que volver a casa. Popi estaba esperándome prácticamente detrás de la puerta.
-Al reloj de la cocina se le acabó la pila- dijo mirándome con enojo. -¡¿No notaste que hay luna llena?!
-¡¿Luna llena?! Cuando miré por la ventana no había luna.
-Porque todavía no era hora de que saliera, ¡lo hubieras sabido de haber cambiado la pila del reloj!
Suspiré. No había nada que pudiera hacer ya. Avancé despacio hacia mi cuarto, debo moverme con lentitud porque mi cola es pesada.
Me miré en el largo espejo que cuelga de la puerta del armario. Arreglé mi pelo rojo y me pasé un dedo por los labios violetas. Sonreí a mi imagen con todos mis perfectos y afilados dientes; mi pequeña cabeza oblicua hace que se vean más grandes. Sacudí una mota de polvo que se adhería a mis verdes escamas. Al otro lado del pasillo, Popi cerró la puerta de su cuarto de un sólido golpe, esto me sobresaltó, lo que causó que instintivamente mis escamas perdieran su color verde para volverse doradas.

miércoles, 9 de marzo de 2011

La Verdad (Parte I)

Su rostro crispado me vigilaba desde aquella ventana. Con los ojos depredadores, la boca entreabierta en un rictus que dejaba asomar las encías amarillas y el cabello enmarañado mojado en su frente sudorosa.
De un modo u otro, aquel Extraño seguía estando allí. 
Me escondí tras el marco despintado de la puerta, sintiendo el corazón palpitar contra mi pecho con una fuerza inusitada. Era evidente lo que había ocurrido: por increíble que pudiese parecer el Extraño había conseguido hacerse con una copia casi exacta de mis rasgos faciales, y seguro que esto sólo era el principio de algo mucho más horroroso que aún estaba por venir.

Me llamo Edward Morris y creo que me estoy volviendo loco.

Todo empezó con El Libro, sí, un tomo antiguo que me susurraba encantamientos desde sus páginas mohosas.  Caminaba apresurado en el anochecer de un día helado de noviembre cuando al levantar la vista, como por arte de magia, lo vi aparecer entre la hojarasca seca arrastrada por el viento. Allí, tras el polvoriento escaparate de aquella tienducha decrépita, había aguardado durante años esperando mi llegada.
Cautivado por su visión, y tras vacilar unos instantes, me dejé llevar por un impulso y crucé el umbral, dejando la calle húmeda tras el tintineo de unas láminas de metal que colgaban sobre la puerta.
Nunca debí pasar por alto el peligro oculto tras las advertencias reiteradas del librero, su poco habitual reticencia, casi una aversión a la simple idea de desprenderse de él.
-Entienda que se trata de un ejemplar antiguo y muy curioso,  raro de encontrar- murmuró tras el parapeto de sus gruesas lentes.-La verdad, no estoy seguro. Piense que si cayera en malas manos...¡quién sabe qué podría llegar a ocurrir!

Sea lo que sea, por imposible que pueda parecer, si me lo propongo lo acabo consiguiendo SIEMPRE.
Tan sólo tuve que firmar un cheque con una oferta imposible de rechazar y el pobre viejo agarró El Libro con sus manos temblorosas, lo envolvió entre unas telas deshilachadas y me lo entregó, no sin antes obsequiarme con una nueva tanda de premoniciones ominosas y oscuras profecías, salpicando mi futuro con voz siniestra. Al finalizar el sermón, le dediqué una sonrisa burlona como despedida, y sin más palabra me lanzé a la calle y desaparecí como tragado por la noche, con el fardo misterioso bajo el brazo.
Caminé hasta casa con paso ligero, un paseo entre la niebla, y tras una cena frugal y rápida, me sumergí en la lectura de mi nuevo tesoro.  Acerqué la butaca a la chimenea y me dispuse a hojearlo con el crepitar de la llama y el golpeo intermitente del viento en las ventanas como únicos compañeros...(continuará)